Manejadores de artistas o "muchachos de mandados"

El bachatero Frank Reyes ha señalado que es un artista del todo accesible, que para hablar con él no hay que pasar por su manager.
Y el asunto llama poderosamente la atención porque confirma el pobre papel que juegan algunos manejadores frente a los artistas que representan, muchas veces cuya labor queda reducida a simplente ser "muchachos de mandados".
Aquí los hay por montones y me apena que el mensaje que Reyes está enviando con tal afirmación inscriba al suyo en esa lista porque además habla de esas informalidades con que operan algunos cantantes del patio.
Y no queremos decir con esto que un artista se debe manejar con la burda burocracia a la que siempre he estado opuesto, pero de ahí de asumir roles con los que a simple vista desautorizan a los encargagados de conducir su carrera, es una actitud que cuestiona su correcto accionar en la actividad musical.

"Nos ladran Sancho, es señal de que estamos cabalgando"





Ahora el Torito conminó en su "bunker" a un grupo de sus vocingleros con el propósito de desacreditar nuestro accionar en los medios de comunicación, una torpe estrategia...

Como es posible que Darío Cruz Holguín, manager de Héctor Acosta "El Torito", en vez de reflexionar con su representado sobre cuestionamientos en todas las direcciones constructivos, se despache con una serie de justificaciones alegando que hemos sido desconsiderados con nuestras críticas.
Y traigo el asunto a colación a propósito de la carta que ha enviado a algunos medios el propio Cruz Holguín, prácticamente desautorizándonos sobre los planteamientos que hemos hecho acerca de la sobre-exposición del merenguero en la prensa y que de alguna manera esto provocaría que su imagen se abarate.
Miren con lo que se tiene uno que enfrentar por dar un sano consejo nada más, como otros que hemos externados sobre la figura de "El Torito" y otros artistas, siempre en el plano profesional, nunca personal.
Afirma el "manejador" que en nuestras expresiones han habido "sañas" y no reparan en el hecho de que hemos sido abanderados de la proyección profesional de "El Torito", junto a otros compueblanos suyos como los colegas periodistas Tony Brito, Miguel Hernández y Santiago -Pito-Acevedo, Carlos Brito y el locutor Nelson Castillo, por citar algunos nombres.
Cómo puede afirmar Darío Cruz Holguín que para nuestras críticas no hemos tomado en cuenta que con "El Torito" compartimos el mismo lar natal si el propio artista no ha tenido esa misma consideración y en cambio frente a sus "canchanchanes" de la capital ha subestimado el desempeño profesional de sus "coterráneos" como los dos Brito, Hernández, Acevedo, Castillo y de igual forma también me inscribo en esa lista.
Pero aclaro, el asunto no se trata de eso, sino que la actitud ahora asumida por el "equipito" de "El Torito" nos manda un mensaje que el cantante de Bonao es un ser intocable y por demás un fenómeno con perfecciones en todo el sentido de la palabra al que está prohibido señarle.
Hasta Toño Rosario y Rubby Pérez han salido a relucir en el asunto al señalar que no soy capaz de mirar los errores de esos dos artistas por el hecho de que trabajo para ellos. Pero por Dios! ¿será un chiste?
Prefieren reunirse en su "bunker" y tratar de activar una campaña a toda vista de descrédito hacia nuestro trabajo, una torpe estrategia que no me quita el sueño, porque reitero el planteamiento que hacía el otro día, que soy como Bruce Willis, "duro de matar".
Pero respetando el sagrado derecho de la réplica, por iniciativa propia reproduzco la misiva que envió Darío Cruz Holguín a algunos sitios de internet. CLICK AQUI.

Las vanidades de los artistas o la liberación de un deseo reprimido


El afán de ostentación ha llevado a determinadas figuras del medio a pagar un precio muy alto por ese complejo que tienen de mostrar sus pertenencias materiales.
Es como si estuvieran liberando un deseo reprimido que llevaban dentro cuando estaban atrapados por la pobreza.
Recuerdo que el bachatero Frank Reyes se compró un limosina tipo Hummer para llegar en ella en un concierto que protagonizó en el anfiteatro de Altos Chavón y el vehículo en cuestión apenas cabía por las angostas calles circundantes al aforo de piedra.
Como se dice en buen dominicano, el cantante no pudo "echar vainas" con su costosa "nave" porque tuvo que dejarla en el patio trasero del escenario y sus deseos exhibicionistas se fueron a pique.
Luego intentó llegar a algunos bailes en el interior del país a bordo de su "limo", pero me cuentan que se le "abrió el pecho" con el excesivo consumo de combustible que representaba una "máquina" como esa.
A Frank Reyes no le quedó más remedio que poner el lujoso vehículo a la venta para lo cuál lo "parqueó" en una agencia comercializadora de automóviles sin que hasta la fecha haya encontrado comprador.
Pero y qué me dicen de su colega conocido como Luis Miguel del Amargue, que pagó un dineral por el alquiler de una limosina tipo "truck" para llegar a los premios Casandra, donde finalmente se "guayó" frente al Chaval de la Bachata, quien se llevó la presea.
Y no quiero caer en el tema de los que son capaces de abrir las puertas de su casas para presumir de sus bienes. Ya ese asunto ha sido ampliamente debatido.
Y el merenguero que supuestamente pagó 150 mil pesos este año por una boleta del Casandra, para estar ahí aún sin ser nominado y solo con el propósito de que lo vieran con un ridículo traje.
Y que me dicen de Toño Rosario, quien se montó en un lujoso yate en Miami hace unos años para una sesión de fotos y sus manejadores en aquel entonces llegaron hasta decir que era suyo.
Es parte de las "fantoncherías" que uno observa entre algunos artistas del patio, como si su reflujo en el desempeño de su labor musical dependiera de eso. Pura vanidad, nada más.